17/7/11

…. debo suponer que tu actitud silenciosa se pueda deber también a un sentimiento de soledad. A menudo esta nos provoca una intranquilidad que, confundiéndola con melancolía o tristeza, no acertamos a precisar, puesto que no es ni una ni otra. Tampoco se trata de aquella soledad reposada que nos permite estar con nosotros mismos; la del aislamiento voluntario y muda alegría que nos invita a penetrar en nuestro interior y acompañar nuestra alma con las mas intimas manifestaciones del espíritu, del arte o de la meditación. No, se trata, creo yo de aquella soledad que es reacción imprecisa de nuestro cuerpo, de nuestra mente y nuestro animo a encontrarse fuera de su entorno: extrañamos la atención, el cariño y la cercanía física de nuestra gente, y la proximidad de nuestras cosas y nuestros lugares; es la soledad que brota del desarraigo y el deshallo. Los moros tienen una curiosa frase que dice “El país donde hasta las piedras os conocen es preferible a la tierra donde todos os ignoran”. Estoy segura de que esa sensación no muy definible es la que te incomoda y, al no reconocerla como tal, confunde tus manifestaciones.

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